A comienzos de cada año, muchas empresas aprovechan la renovación de presupuestos para actualizar la dotación de ropa de trabajo y Equipos de Protección Individual (EPIs) de sus plantillas. No se trata sólo de una práctica organizativa eficiente, sino de una obligación legal establecida por la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales y el Real Decreto 773/1997, que exigen suministrar equipos certificados con marcado CE y conformes a las normativas correspondientes UNE-EN/ISO, además de garantizar la formación en su uso adecuado.
Las disposiciones también obligan a mantener una documentación exhaustiva sobre la entrega, revisión y mantenimiento de los EPIs. Una medida esencial tanto para proteger la seguridad del personal como para evitar sanciones por incumplimiento normativo.
En el mundo de la prevención de riesgos laborales, cada detalle cuenta, y en el caso de los equipos de protección individual (EPI), los pictogramas y etiquetas cumplen un papel esencial: son el lenguaje universal de la seguridad.
A través de estos símbolos y textos normalizados, se informa de manera clara y directa frente a qué riesgos protege cada equipo y cuáles son sus condiciones de uso. No se trata solo de un elemento estético o informativo, sino de un componente clave para garantizar que la protección sea realmente eficaz. Gracias a ellos, cualquier persona puede verificar de un vistazo si el equipo que va a utilizar —ya sea un casco, un guante, una mascarilla o un calzado de seguridad— es el más adecuado para el tipo de riesgo presente en su entorno de trabajo.

Esta información evita confusiones, mejora el cumplimiento normativo y refuerza la cultura preventiva dentro de las organizaciones.
Sin embargo, ¿conocemos realmente los pictogramas de seguridad y prestamos atención a las etiquetas de los equipos de protección? La pregunta parece trivial, pero la respuesta —según experiencias recogidas en distintos cursos de formación en prevención de riesgos laborales— revela una realidad preocupante.
En más de una ocasión he podido comprobar cómo trabajadores y trabajadoras no identifican correctamente los símbolos que aparecen en su propia ropa de trabajo. Confunden, por ejemplo, la protección frente a trabajos en tensión con la destinada a evitar la electricidad estática, o incluso con la correspondiente al riesgo térmico del arco eléctrico.

Puede parecer un detalle menor, una simple confusión semántica. Sin embargo, tras esa falta de conocimiento se esconde la posibilidad real de un accidente grave. Y ahí radica la importancia de la formación y de la atención constante a esos pequeños signos que, aunque discretos, salvan vidas.
Los pictogramas de seguridad en los EPIs son mucho más que un simple dibujo: son el código visual que traduce la ficha técnica de un equipo a un lenguaje inmediato y universal. Representan, mediante un símbolo normalizado (UNE-EN/ISO), el tipo de protección que ofrece el EPI: si actúa como barrera frente a impactos en los ojos, filtra el aire que se respira, resiste el frío, el calor o las salpicaduras químicas, o protege frente a riesgos mecánicos como cortes o abrasiones.
Junto con la falta de conocimiento en cuanto a los símbolos de protección, durante cursos de prevención de riesgos laborales, las personas trabajadoras han confesado haber retirado, en reiteradas ocasiones, las etiquetas de sus EPIs por considerarlas molestas o incómodas.
Esta práctica, sin embargo, conlleva graves consecuencias: elimina la trazabilidad del equipo, impide verificar su conformidad con la normativa (como el marcado CE o las normas EN aplicables) y puede derivar en sanciones administrativas a la persona empleadora por incumplimiento del Real Decreto 773/1997, que regula la comercialización y puesta a disposición de los EPIs.
Al ocultar los pictogramas de protección y datos esenciales, se incrementa el riesgo de un uso inadecuado. La persona trabajadora se expone a accidentes graves como quemaduras químicas, lesiones oculares o intoxicaciones respiratorias por la incompatibilidad de su equipamiento con el riesgo real.
En este sentido, no debemos olvidar de que las etiquetas de los EPIs incluyen datos mínimos obligatorios por normativa europea: referencia del producto (código identificativo único), talla, nombre del fabricante, marcado CE (que certifica su conformidad con las Directivas europeas). Además de la norma o normas técnicas aplicables (como EN 166 para protección ocular, EN 136 para máscaras completas o EN 149 para semimáscaras filtrantes), junto con los pictogramas de protección que detallan los riesgos cubiertos. Por ello, debemos de recordar que las etiquetas se deben de mantener tal y como se han fabricado.
Los EPIs que utilizamos en las formaciones que impartimos en Teknodidaktika, Servicio de Prevención Ajeno, sin ninguna duda, constan de sus símbolos de protección, homologación, revisión anual y libro de instrucciones, ya que creemos que estas características son esenciales para ofrecer una información y formación adecuadas frente a los riesgos laborales. Garantizamos que cada persona trabajadora conozca no sólo el equipo que utiliza, sino también el nivel de protección que ofrece y las condiciones para mantenerlo en buen estado.
Consideramos que la eficacia de un EPI depende tanto de su calidad como del conocimiento que tenga quien lo emplea. Por ello, en las sesiones formativas mediante estos símbolos y etiquetas logramos que la persona trabajadora, con solo un vistazo, pueda comprobar si el equipo es adecuado para la tarea y el riesgo presente.
Por ejemplo: en un casco de seguridad, el pictograma con un martillo indica protección frente a impactos; si aparece además un símbolo de trabajos en tensión, significa que también protege contra riesgos eléctricos. En los guantes, los pictogramas muestran si el material protege frente a riesgos mecánicos (cortes, abrasión, perforación), químicos (ácidos, disolventes), térmicos o eléctricos. O en un arnés anticaídas, el pictograma y la etiqueta señalan la conformidad con la norma EN 361 y especifican el tipo de enganche y las instrucciones de colocación.
No hay duda de que la prevención de accidentes laborales es un objetivo compartido por todas las organizaciones comprometidas con la seguridad y la salud de su personal. Pero para alcanzarlo, no basta únicamente con evaluar los riesgos o disponer de equipos de protección individual (EPI); es fundamental garantizar que las personas trabajadoras estén correctamente informadas y formadas.
La información debe abarcar no sólo los riesgos específicos asociados a cada puesto de trabajo, sino también las características del EPI entregado, su modo de utilización y las pautas básicas de mantenimiento. Un uso inadecuado o un mal estado del equipo pueden reducir drásticamente su eficacia. Por tanto, incrementa el riesgo de accidente incluso cuando la persona trabajadora dispone del material adecuado.
